viernes, 18 de marzo de 2011


CAPÍTULO 6.15-18 DE MARZO, MÁS HISTORIAS DE UNO QUE SE INTENTA ASENTAR EN MOSCÚ.

Al día siguiente, martes, volví a la famosa habitación a estudiar qué armas de destrucción masiva me harían falta para dejar aquello decente. Después de diez minutos observando todo con el sol entrando por la ventana me di cuenta de que no. Aquello era imposible, inhabitable. Lo pensé bien y no necesito pasar por determinadas penurias cuando tengo amigos que me apoyan y que me pueden acoger y cuando puedo permitirme algo medio decente.

Total, que dejé la habitación habiendo pasado en ella como un cuarto de hora… ¡menuda caca! ¿y ahora dónde vivo yo? Desanimado, llamé a Sascha y le dije que cancelaba mi asistencia al fiestón que daba Dolce y Gabanna al día siguiente en Garage. Monica Bellucci y toda la farándula rusa tendrá que esperar a verme la cara en otro momento. Sin casa, sin trabajo y con mogollón de cosas que hacer, ¿cómo me iba a ir de fiesta? Así pues, pospuse, hasta nueva orden, mi reencuentro con la noche moscovita.

Cuando llegué a casa, Carmen, que va camino de la canonización, me dio la razón en que no tengo porqué quedarme en esa porquería de habitación y me reiteró que me puedo quedar con ella el tiempo que quiera…yo se lo agradecí en el alma por enésima vez, pero sabiendo que lo antes posible me mudaría a vivir con rusos, que es lo que he venido a hacer aquí.

Al día siguiente, miércoles, fui a quejarme de la habitación y como era de esperar, la buena señora de turno, pasó de mi cara. Menos mal que detrás de mí había un holandés majísimo que me escuchó y me dijo: “A mi me pasó lo mismo, tienes que ir a hablar con otra señora y decirle esto, esto y esto”. Efectivamente (¡abracadabra!), con la ayuda del holandés, conseguí que me dieran indicaciones sobre como recuperar mi dinero y solicitar una nueva residencia.

Los trámites, que sorprendentemente me llevaron tan sólo dos horas y pico los hice el jueves. Además, mientras esperaba en una de las colas, mi amigo Víctor me dijo que preguntaría a su jefe si me dejan vivir en el apartamento de su empresa que él va a dejar vacío mientras se va de vacaciones en unos días y Sascha me avisó de que una amiga suya buscaba compañero de piso, por lo que las cosas se me pusieron medio en orden de repente. Sin nada seguro, pero con perspectivas.

Cuando me devolvieron por fin mi dinero estaba tan contento que me compré un pastelillo para celebrarlo y llamé a mi buena amiga Olivia, para por fin, vernos las caras.

Olivia es una inglesa que lleva seis años enseñando inglés en Moscú. Es súper interesante, como todo el mundo que estudia filología, siempre tiene cosas que contar y me aprecia mucho, lo cual es recíproco. De hecho, nos hemos prometido que algún día viviremos juntos en Londres, cuando pase todo el jaleo de las Olimpiadas…¡si es que pasa!.

Olivia, delante de un par de copas de chardonnay, me contó como era el Moscú post-Javi, me habló de sus viajes, me animó a hacerme profesor de español y me dio contactos a los que escribir (y decir que busco trabajo). Aquí los contratos no se firman por cuán óptimo eres para un puesto, sino por cómo de amigo eres del fulano de turno…por lo tanto, ¡tendré que tirar de agenda estos días!

El viernes fui a clase y a ver la nueva residencia que la universidad me ha propuesto. Está mejor, pero debo compartir un cuarto pequeño con un inglés bastante guarrete, lo cual no me hace muy feliz, pero bueno…si sólo voy a estar dos meses aquí, quizás sea lo mejor. Me he puesto de fecha límite, con el beneplácito de Carmen (¡a la que le parece bien todo lo que hago/digo!), el lunes. Si en el finde no encuentro nada mejor, la semana que viene cojo mis bártulos y me mudo.

A ver qué pasa…de momento me alegro de que esta semana haya pasado y que la próxima se me presente con varias citas importantes: me cambian de grupo en la escuela a uno más difícil, por fin vuelve mi headhunter de París (lleva dos semanas arreglando un problema de visa en Francia), deberé encontrar un sitio estable para quedarme estos dos meses y tengo varias fiestas gordas que no me pienso perder (¡salvo fuerza mayor!).

¡Días grandes, los que me esperan!... Me voy a la calle a celebrarlo, ¡que he quedado con Karen y Yosi! Yuhuuuu

2 comentarios:

  1. Que chulo ésto , es como un gran hermano pero sin imágenes....ja,ja,ja besos.Karin

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  2. Qué alegría saber de ti y que estes tan contento... q buena eleción la de volverte a Moscú! un beso enorme, Lucy

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