Estos días no he parado.
El viernes quedé con Karen, la irlandesa. Si bien esta niña siempre es maja, ese día lo fue más que nunca. Me la esperaba alicaída y preocupada por su reciente ruptura con mi amigo Tom y me la encontré irradiando buen rollo y alegría: le dije que sentía que la relación hubiera acabado y me contestó que todos los cambios son para bien y que había conseguido el mejor trabajo de su vida recientemente; le comenté que andaba nostálgico por las fiestas del año pasado y me invitó a dos para la semana siguiente; y le pregunté si sabía de alguien que pudiera estar buscando piso, ¡y me respondió que ella misma!
Se acaba de mudar con mi otra amiga irlandesa (Verónica) a un piso en el centro y andan buscando un tercero. Todo sonaba fantástico, por lo que nos fuimos a celebrarlo bailando temazos soviéticos a Masterskaya y a Gogol. Después, se supone que habíamos quedado con Yosi en el Che, pero para las tres ya nos habíamos bebido todo el dinero que llevábamos y varios rusos nos habían echado vodka por encima entusiasmados con el musicón retro de los garitos, por lo que decidimos irnos a casa a descansar.
El sábado los irlandeses en Moscú celebraban el baile de San Patricio, al que no fui invitado, como era de esperar, al no ser irlandés ni nada que se le parezca. Sin embargo, si que me llamaron para la preparty en casa de Karen y Verónica en la que todos los jóvenes calentaban motores antes de la cena. Allí me encontré con viejos amigos e hice otros nuevos, además de ver la que será mi futura habitación, que me pareció preciosa. Despues de un par de copas de champán, me retiré a casa prudentemente, que al día siguiente tenía muchas tareas de ruso esperándome.
El domingo fue muy productivo: la mañana la pasé entre libros y la tarde, primero con Katia, viendo la magnífica exposición de fotografía “The Best of Russia” en Vinzavod y después, con mi futura nueva compañera de piso Karen en el teatro, viendo una actuación de música folclórica irlandesa. Fue un evento muy ameno, en el que me encantó ver la hermandad entre compatriotas celebrando su historia y su cultura. El embajador, un señor amabilísimo, salió al escenario a cantar y a recitar sus poemas, además de recibir y despedir (en inglés y perfecto ruso) afectuosamente a todos los asistentes. Inevitablemente, me vinieron recuerdos de nuestro embajador y su actuación en los eventos españoles (a los que ha asistido). Quien haya pasado por aquí –y probablemente el que no, también-, puede imaginarse qué conclusiones saco de comparar a ambos…
El lunes, con una buena semana esperándome, me animé a ir reintroduciéndome en la vida social moscovita. Despues de clase y de discutir con mis compañeras de piso temas de dinero, fui con Sascha a un desfile de la “Cycles and Seasons”, la pasarela de moda independiente rusa. Aquí, aparte, están
Al día siguiente, martes (para el que redacta, hoy), más buenos ratos. Clase por la mañana, después corriendo corriendo a PriceWaterHouseCoopers y por último, otro desfile.
En PWC me he encontrado con Olga, quien me ha invitado a tomar un café en la planta alta de su edificio de oficinas, desde la que se ve todo el horizonte moscovita, hasta donde la niebla permite: una verdadera maravilla. Me ha dicho que va a intentar que me entrevisten para trabajar allí, aunque la responsable de recursos humanos le ha explicado, delante de mi, que va a estar difícil porque tendrían que pagar un pastón de impuestos por mi contrato de extranjero, con lo que suelen preferir a rusos…el jueves de la semana que viene a más tardar, me darán una respuesta.
De mi café, he cogido el metro y me he vuelto a casa a ponerme como un pincel para el desfile de la tarde, el de Vika Gazinskaya. Se ha celebrado en una antigua nave industrial restaurada y ha asistido todo el que es alguien en la moda rusa e internacional (bueno, y yo). Me he vuelto a encontrar con más amigos y conocidos (Kolya, Alexander, Sascha, Masha, Evgeniy, Kozak, Nikolai…) que se han alegrado enormemente de verme y he vuelto a practicar un montón de ruso con Sascha, que me iba explicando, como en aquella escena de Titanic, quíén era quién entre tantísimo fotógrafo, camareros y fauna varia. Casi he vuelto a casa medio cegado por los flashes, sobre todo porque estaba sentado muy cerca de Natalia Vodianova, una de las modelos más famosas de la historia, que ha revolucionado el auditorio cuando ha aparecido. Le he dicho a Sascha que encuentro divertidísimo ese faranduleo, porque como yo no sé quiénes son la mayoría de los famosos en Rusia, cuando los veo me parecen súper ridículos al posar, hablar exageradamente o cuando andan en plan “miradme todos, que he llegado”. Una auténtica feria de vanidades que a mi me entretiene, me llama la atención, me divierte y me provee de champán y buenos ratos.
La ropa, preciosa.
Despues de leer esto ,no me extraña que Córdoba te parezca aburrida...MyP
ResponderEliminarEsto es como una telenovela, todos los dias la miro y el dia que no escribes ....es como si me hubiera perdido un capitulo. Karin besos
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