martes, 26 de abril de 2011

CAPÍTULO 15. 17-24 DE ABRIL, UNA SEMANA DE CINE.

La semana pasada fue de cine, en el sentido más estricto de la palabra. Empezó con la proyección de la película "Primos" en el "35mm" y acabó con la exposición de Fellini en la Casa de la Fotografía de Moscú, "ambas dos" muy recomendables.

No sé aún porqué, pero no estaba al tanto de la celebración del Festival de Cine Español de Moscú. Me enteré tarde y de rebote (gracias a que cayó en mis manos un folleto) y sólo me dio tiempo a ver la última cinta de Sánchez Arévalo. Mereció la pena, no obstante. Es una comedia ligera de las que te hacen pasar un buen rato y añorar los veranos en la playa con tus primos, ideal para un domingo de primavera. Me llevé a Karen y a Laura conmigo y las dos disfrutaron bastante de la cinta, o al menos eso me dijeron. Yo, encantado, confirmé a su director como uno de mis favoritos.

El lunes estuve absorbido por el ruso y el martes fui con Karen y Jerome, mi colega francés, a la embajada de Irlanda para una merienda-conferencia del club de empresarios irlandeses. Iban a explicar la tediosa legislación rusa en términos de inmigración, por lo que cuando mi compañera de piso me propuso asistir, no dudé ni un momento, ya que es un tema que me interesa bastante. Además, la charla la daban los responsables de recursos humanos de "Price WaterHouse Coopers" y quería hablar personalmente con ellos. Efectivamente, en cuanto acabaron, me acerqué a saludar a estos dos amables señores que me atendieron cordialmente y me aconsejaron sobre cómo trabajar en Rusia. Curiosamente, según ellos, el camino más fácil para conseguir un empleo en Moscú pasa por Londres. Me recomendaron que me fuera a Inglaterra y me incorporara a una multinacional que me pudiera recolocar...no lo había pensado, la verdad.

Después del cocktail de rigor me fui a ponerme al día con mi amigo Wayne, que coincidencias de la vida, es de Londres. Hablamos y hablamos y hablamos y en mitad de nuestra habladuría nos interrumpieron dos chavales en la mesa de al lado. Les había llamado la atención escuchar inglés entre tantísimo ruso y querían saber de nosotros. Los dos eran españoles, ¡uno vivía en Córdoba y el otro en Londres (que se convertía así en la ciudad más nombrada de la tarde con tres menciones completamentes aleatorias)!. Estaban visitando Moscú durante las vacaciones y no les estaba gustando nada (que si la gente es muy desagradable, que si no está preparada para turistas, que si es todo muy caro, que si las distancias imposibles...), por lo que Wayne y yo adoptamos el papel pro-ruso y les explicamos porqué era todo así y les remarcamos aspectos positivos de la ciudad que también podrían tener en cuenta. Un par de vinos después, ya éramos mejores amigos. Les dí un par de indicaciones sobre dónde ir y quedamos en que nos llamaríamos durante la semana.

Al día siguiente, miércoles, me había comprometido con Karen a enseñarle ese sitio tan chulo en Kitai Gorad al que yo voy muchas veces al cine gratis: la "Kinosreda, Secret Society". Es un edificio multiusos en el que se reunen artistas para pintar, ensayar, experimentar y los miércoles, ver y discutir películas. La de la semana pasada, "El tercer hombre", no fue de mis favoritas, pero aún así disfruté mucho del paseo y del ambiente allí, como siempre. Este miércoles vuelvo.

El jueves rescaté a mis nuevos amigos turistas y los llevé a ver el ballet de las 1001 Noches al teatro del Kremlin. Quedaron encantados con la grandiosidad del edificio y yo, maravillado de lo bonita que fue la obra. Con un estilo muy cuidado y un escenario lleno de lámparas de aceite, palacios, velos, tinajas y tapices multicolores, pasé la mejor tarde imaginable viendo como la encantadora Scherezade le contaba al sultán las historias de Aladino, Sin Bad el Marino o Ali Babá y los cuarenta ladrones. Después de eso, para no estropear el día, me fui directo a dormir, que me esperaba un fin de semana intenso.

El viernes estuve durante varias horas grabando los diálogos de un manual de español que unos conocidos míos han escrito. Fue divertido y agotador al mismo tiempo dado que, cuando comenzamos a trabajar, la chica que dirigía el proyecto me dijo que yo era el mejor actor allí y quería que hiciera la mayoría de las voces. Yo le expliqué que estaba resfriado y con la nariz tapada, pero ella, entusiasmada con mi expresividad, me lo pidió de tal manera que no me pude negar. Resultado: acabé haciendo de narrador y de varios personajes. No sé cómo habrá quedado, pero seguro que cuánto menos curioso el diálogo en el que yo leo la introducción y luego ejerzo de doctor y de varios pacientes a la vez que discuten entre ellos...

Acabado mi trabajo en el quinto pino moscovita (fuimos hasta el final de la linea gris y luego cogimos un bus durante quince minutos) volví a casa corriendo para vestirme para la gran fiesta de la primavera en Solyanka. Éste, como mucha gente sabe, es mi garito favorito en el mundo entero y la parroquia que suele asistir a estos eventos es tan amistosa, simpática, alegre y divertida que no me lo podría haber perdido por nada del mundo. Además, Sascha, a la que no había visto en toda la semana, estaría allí, por lo que ignoré mi cansancio y me fui para la discoteca a bailar con ella hasta altas horas de la madrugada.

El sábado era el cumpleaños de nuestra amiga Onia y se vino a celebrarlo a casa con unos amigos. Bebimos champán, comimos tarta de chocolate y conocimos a caras nuevas de la comunidad extranjera en Moscú. Fue un día tranquilo y agradable. Ya de madrugada, nos acercamos a un garito nuevo de Arbat para mover un poco el esqueleto. De camino pude comprobar cómo los rusos religiosos celebraban su Pascua paseándose con velas por las calles y asistiendo a las iglesias. Inocente de mi, pensé que esta gente celebraría la Semana Santa unos días despues o no la celebraría en absoluto...¡craso error!

Yo no aguanté mucho en la discoteca, a pesar de que me encantó (es un sitio nuevo con decoración, música y gente al estilo de Berlín), por lo que a las tres me volví paseando a casa. Tuve la suerte de pasar por delante de una pequeña capilla que estaba abarrotada de gente. Entré para ver cómo celebraban los ortodoxos la Semana Santa y me encontré a una muchedumbre cabizbaja (ellas cubiertas y ellos no), portando velas y rezando discretamente para sí mismos alrededor del altar hasta que, de repente, las campanas fuera comenzaron a repicar fuertes y alegres y todo el templo se lleno de júbilo. Supongo que ese momento simbolizó la resurrección de Cristo, porque la gente se puso contentísima y empezó a abrazarse y a besar todo lo besable (velas, iconos, columnas, sacerdotes...). Yo me quedé un rato para agradecer lo afortunado que era de poder vivir una Pascua diferente y me fui directo a dormir.

El domingo estuvimos colocando lámparas. Mejor dicho, el novio de Verónica vino a colocarnos lámparas. Quedaron preciosas y les dieron un toque de hogar a la casa. Karen está encantada porque por fin se puede ver la cara en el espejo del baño, jaja. Yo, a mitad de bricolaje me escapé a ver la ya nombrada exposición sobre Fellini en la Casa de la Fotografía. Disfruté como un enano, tanto de la modernísima y genial arquitectura del edificio, como de las fotografías y videoclips del artista italiano. Pasé casi dos horas en el museo.

Después, me perdí en las calles que van hacia Park Kultury entre las que descubrí una de la más increíbles maravillas urbanísticas que he visto en Moscú hasta el momento y de la que hablaré en el siguiente post...

¡Felices Pascuas desde la por fin soleada y calurosa Rusia!

2 comentarios:

  1. todavía descubriendo aspectos nuevos de Moscu...
    ¡¡¡que envidia¡¡¡ ,aprovecha ahora tanto tiempo libre,te va a salir trabajo cuando menos te lo esperes,y entonces no dispondrás de tanto tiempo .Sigue disfrutándolo.Un beso M y P

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  2. Que vida más vivida , siento complejo....yo de mi cole de adultos a la playa...jajaja
    Disfruta ahora que puedes!!!

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