sábado, 16 de abril de 2011


CAPÍTULO 13. 11-16 DE ABRIL, CAFÉS, COMIDAS, CENAS, COPAS...

Esta semana, superada por fin la etapa de reencuentros (creo que ya no me queda a nadie más por ver), la he dedicado a juntarme con gente que me gusta y que me hace feliz: el lunes tomé un café en Arbat con Carmen, el martes de parranda con Luis por los mejores sitios (¡y qué sitios!) de Kutznetsky Most y el jueves quedé a medio día para comer sushi con Verónica y por la tarde con Sascha para asistir al desfile del diseñador Chapurin.

Este evento me vino muy bien para refrescarme, aunque no es de los que más me gustan, ya que aquello era una fidedigna representación del poderío de los nuevos ricos rusos (limusinas, fotógrafos, flashes, trajes largos, diamantes, silicona...) con la que yo no me siento muy identificado. No obstante, lo que hace el que dicen que es el mejor diseñador de Rusia me parece de alta calidad, él me cae bien y había barra libre de cocktails, con lo que yo no me puedo quejar, ya que echamos un rato muy agradable. Además, me sirvió para recordar y contarle a Sascha aquella anécdota que me sucedió en el afterparty de su desfile de 2010, cuando alguien le dijo a Chapurin que yo era de la embajada española y él, borracho como una cuba, vino a darme la brasa para que le hiciera no se qué visa especial. Yo, que para aquel entonces no le ponía cara al creador de la marca que me había invitado a aquella bacanal de champán y caviar, me lo quité de encima como pude en plan “¿quién es este plasta?”, pregunta a la que obtuve respuesta un rato después cuando mi amiga Anna me dijo disimuladamente a su paso: Mira, ese es Chapurin, ¡el diseñador!...

El viernes noche, después de varias horas de estudio, lo pasé en casa de mis buenos amigos Hugo y Simon, que nos habían invitado a unos cuantos colegas a unas copas “de puesta al día”. Hugo es boliviano y llegó hace seis años a Moscú con una beca que el gobierno ruso da a los alumnos más brillantes de algunos países de Sudamérica. Charlar con él es siempre ameno. Solemos empezar con liviandades que a menudo derivan hacia temas más profundos en los que Hugo demuestra sin dificultades porqué es el número uno de su promoción y porqué tiene el expediente lleno de matrículas de honor. A mi me encanta ir a su casa (que aunque no lo parezca no es suya, si no de su novio inglés, Simon), ya que es el centro de reunión de muchos latinos y rusos, lo cual es siempre una combinación explosiva. Ese día lamentamos la ausencia de algunos de los fijos en encuentros de este tipo, como son Valeria, Carla y Santiago, pero aún así lo pasamos bomba viendo vídeos horteras de los ochenta y noventa de nuestros respectivos países… ¡qué recuerdos de Xuxa y Raffaella Carrá!

El sábado amaneció de un soleado glorioso. Karen y yo, contentos, quedamos por la tarde con la persona más graciosa que he conocido en los últimos años, Laura Wetsel, para escucharla, entre risas, auto compadecerse de su mala suerte amorosa y maldecir, tras cada sorbo de vodka, a todos los hombres sobre la faz de la tierra. Desafortunadamente, mi amiga americana sólo nos regaló un pequeñísimo rato de su compañía, dado que estaba de demasiado mal humor para seguir de carcajadas con nosotros, pero quedamos en que esta semana haríamos algo juntos.

Los planes con Laura, unidos a la noticia de que Sascha se viene conmigo el día doce de mayo a pasar el fin de semana a Barcelona me alegraron el sábado noche, que disfruté, por segunda semana consecutiva, ¡solo en casa delante del ordenador! :-O

1 comentario:

  1. Hoy es domingo de Ramos, calor, incienso, azahar, marchas por cada esquina ........ pero a La Esperanza le falta algo, le falta alguien, un nazareno, su pertiguero. La acompañaremos pero no será lo mismo, no podremos dejar de sentir el hueco. Un beso fuerte fuerte. M y P

    ResponderEliminar