lunes, 28 de marzo de 2011


CAPÍTULO 8. 23-27 DE MARZO, CYCLES & SEASONS, FIESTAS, MUDANZA Y FRUSTRADA ENTREVISTA DE TRABAJO.


Apenas llevo unos días aquí y en mi mente parece que han pasado meses. Probablemente sea porque en Moscú cada día es diferente y especial. Me encanta la sensación de estar aprovechando el tiempo y haciendo cosas que me llenan con gente que me gusta.

Esta semana ha sido tan intensa que creo que este post lo organizaré en párrafos según el día.

Ahí va:

MIÉRCOLES

El miércoles volvió el frío a Moscú. Con él, la nieve, los abrigos de visón y el olor a vodka en el metro.

Cuando iba camino de clase vi el cadáver de un hombre tirado en la calle. Sé que estaba muerto porque tenía los ojos abiertos. En las escuelas de cine enseñan que imágenes de fallecidos anuncian que algo malo va a suceder. En mi caso, supongo que se podría aplicar a la nefasta entrevista de trabajo que hice ese día después de clase. Me explico:

Tras varias semanas en contacto, por fin había quedado con mi headhunter. Se suponía (o al menos eso yo pensaba) que este señor me iba a buscar trabajo, por lo que cuando me senté a charlar con él, describí mis perspectivas y capacidades de forma muy abierta, explicándole que me interesan muchos campos, que estoy dispuesto a trabajar en dónde sea, en lo que sea, etcétera, etcétera. Él insistió en que me definiera de forma más concreta, pero yo le contesté que no podía porque no tengo gran experiencia y sólo quería trabajar. Ya casi al final del encuentro, me dijo que me había llamado no para buscarme trabajo, sino para proponerme que me uniera a su equipo, pero que veía que no tengo planes concretos, que no sé lo que quiero y por lo tanto no estaba dispuesto a contratar a alguien que a los pocos meses cambiara de opinión y lo dejara tirado…de piedra me quedé y me fui confundido a casa de Carmen a contárselo todo.

Ella me hizo ver que el trabajo con ese hombre no hubiera sido lo mío, por lo que digerí rápidamente mi pequeño fracaso y me dediqué a despedirme como se merece de la que durante más de dos semanas había sido la más perfecta anfitriona. Ese mismo día era el que me mudaba a mi nuevo piso, ¡por fin!

Había estado muy a gusto con Carmen, quien me había mimado y cebado con algunos de mis platos favoritos, y con quién había establecido una especie de rutina de lo más agradable (desayunos de fin de semana en su biblioteca, largas conversaciones de sobremesa, películones antiguos por la noche, bizcocho por la mañana…) por lo que, me dio mucha pena dejarla, pero entiendo que no puedo vivir indefinidamente como invitado en su salón, ¡por mucho que ella diga que sí!

Karen y Verónica, mis nuevas compañeras de piso, me esperaban a las nueve para darme la bienvenida y las instrucciones básicas de la casa. No sin dificultades, monté mi cama de Ikea (¿cuántos muebles de Ikea habré hecho ya en mi vida?, ¿cómo es posible que me siga equivocando?) y me acosté agotado mirando las maletas que al día siguiente por fin podría vaciar, casi un mes después de haberlas hecho…¡qué felicidad!

JUEVES

El jueves volví a ir a un desfile de la “Cycles and Seasons” con Sascha. Esta vez el lugar elegido era una antigua oficina soviética reconvertida en un precioso restaurante y centro de ocio. Por los enormes ventanales se veían el río y la Catedral de Cristo Salvador, lo cual creaba un marco inmejorable para el show, que comenzó, de forma muy acertada, al atardecer. De nuevo me encontré con viejos amigos, bebí champán y disfruté del buen ambiente.

A la salida nos cruzamos con decenas de Bentleys, Mercedes, BMWs…y una nube de abrigos de visón, diamantes y pajaritas. Sascha me contó que en el edificio de al lado se celebraba el baile benéfico que organiza cada año Natalia Vodianova y al que asiste toda la alta sociedad rusa por un módico precio de tres mil euros la entrada… nos reímos diciendo que nos habíamos comprometido a asistir a otro evento y que seguramente no nos daría tiempo a llegar al de los millonarios: una pena.

Efectivamente, teníamos otro evento después del desfile. A unos doscientos metros, todavía en la isla de Krasniy Oktiabr (o como una vez leí, el “Manhattan moscovita”), se inauguraba una exposición de arte moderno de una joven artista rusa, de la que no consigo recordar el nombre. Esta mujer había vaciado una sala enorme y la había llenado de arena. Mucha mucha luz y arena. Eso era todo. Las chicas, con taconazos y plumas en la cabeza jugaban sentadas a escribir sus nombres y a hacer castillos, como en una playa, mientras que Sascha y yo, champán en mano –como empieza a ser costumbre-, planeabamos el intenso fin de semana que nos esperaba…

VIERNES

El viernes fue el día en que más frío he pasado desde que estoy en Rusia. El termómetro marcaba sólo -6º, pero la sensación térmica depende de otros elementos, como el viento y la humedad, y ese día parecía que Moscú estuviera cubierta por una tempestad. Muy desagradable.

Con este panorama, y sabiendo que el último desfile de la “Cycles and Seasons” se celebraba al aire libre, Sascha y yo decidimos cancelar nuestra asistencia y guardar así fuerzas para la fiesta de la noche, que precisamente era la clausura de dicha semana de la moda.

En Solyanka –probablemente mi sitio favorito en el mundo mundial-, nos volvimos a juntar todos los que ya llevábamos coincidiendo durante la semana, aunque esta vez para bailar los temazos de Dj. Kozak, mi buen amigo.

Entre mis colegas, Sergei y Masha, una pareja de lo más divertida. Él es diseñador de talento y ella es su musa. Cada vez que Masha va a salir, Sergei le hace un traje y un tocado, siempre diferentes y siempre espectaculares. El viernes, por ejemplo, llevaba un traje de pedrería color salmón y la cabeza llena de plumas negras de todos los tamaños. Alguna vez tengo que escribir más sobre Masha, porque es la chica más elegante que he visto en mi vida y merece un blog entero para ella sola. También estaba Declan, que ha venido desde Hong Kong sólo para asistir a la “Cycles and Seasons”. Declan es director creativo de uno de los centros comerciales más lujosos de toda Asia, el “Lane Crawford”, y su trabajo consiste en buscar inspiración para decorar los escaparates, actualizar la página web, o publicar catálogos. Este año ha cambiado sus viajes a París y Milán por Moscú, ya que piensa, como yo, que aquí se encuentra una de las generaciones de jóvenes con más talento de la historia. Igual, viejos y nuevos colegas sobre los que, si empiezo a escribir, no acabo.

La noche, como siempre en Solyanka, inmejorable: nos reímos, bebimos y bailamos hasta mucho después del amanecer, cuando el sol entraba por las ventanas y la macro fiesta se había transformado ya en una selecta reunión de amigos. Creo que si no nos hubieran echado, quizás aún seguiríamos allí. Kozak (el dj), en agradecimiento a todos los amigos que nos quedamos hasta el final con él, nos invitó a desayunar huevos fritos y bacon en Starlite, un sitio americano al lado de mi antigua casa. Allí estuvimos como dos horas, resistiéndonos a acabar un día tan fantástico. Comentamos la noche, la semana y Kozak nos contó todos los detalles sobre el baile benéfico de Natalia Vodianova del día anterior. Concluyó diciendo que allí se lo había pasado bien, pero que no cambiaría jamás ninguna fiesta por las que celebramos nosotros en Solyanka.

SÁBADO

El sábado, como era de esperar, amanecí a las mil. Corriendo corriendo, me fui al mercadillo que mi amiga Anna organiza dos veces al año en el centro de arte contemporáneo Flacon: ropa de segunda mano, diseñadores independientes, puestos de comida y mucha gente joven. Guay, como siempre.

De ahí, directo a casa de mi amigo Víctor a ayudarle con los preparativos de la fiesta de inauguración de su casa. Había comprado comida como para cincuenta personas y nos hinchamos de preparar canapés y limpiar para que todo resultara perfecto. Yo tenía ese mismo día la fiesta de inauguración de mi casa y el cumpleaños de Óscar, por lo que en casa de Víctor sólo me quedé como una hora. Una verdadera pena, pero mis otros compromisos me requerían. Él lo entendió sin problema.

En mi casa estuvimos como unas treinta personas. Bueno, treinta más treinta, porque los vecinos de abajo también tenían una fiesta y decidimos juntarlas. Así, mi edificio se convirtió, a las doce de la noche, en una especie de discoteca al más puro estilo berlinés con gente escaleras arriba y escaleras abajo entre un piso y otro. Los vecinos y desde el sábado amigos, nos contaron que la mayoría de habitantes de la casa era gente joven. Todos los pisos pertenecen a un millonario que pasa de restaurarlos (están muy viejos) y los alquila súper baratos, con lo que la media de edad de los inquilinos será de unos veinticinco años...si antes me gustaba mi casa, ahora me gusta mucho más.

Otra vez, de parranda hasta las mil, me lo pasé bomba. Lo mejor de todo es que no tengo nunca ningún remordimiento porque llevo al día el ruso, noto que mejoro cada semana y practico un montón…¡qué buena etapa! :)

DOMINGO

El domingo...el domingo, ¡descansé!

3 comentarios:

  1. me encanta volver de clase y saber que alguien está teniendo una etapa maravillosa lejos, muy lejos como algún día me gustaria hacer a mi.

    ganas de verte.

    A.A.

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  2. ves lo que pasa con esto, que son las 3 de la mñn, no me puedo dormir y mira donde acabo...jaja me alegro que las cosas vayan cada vez mejor javiruchi mioo!! =)

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  3. ¡hasta un muerto!......ja,ja,ja Disfruta y vive esta etapa que luego no vuelve. Karin

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