CAPÍTULO 4. 12 DE MARZO, FIN DE SEMANA DE MÁS REENCUENTROS.
El fin de semana fue de más reencuentros, muy agradable.
El sábado fui a una cena de españoles para despedir a la andaluza Fefy, que se nos va sabiendo que ha pasado aquí uno de los mejores años de su vida. En un pequeño restaurante-club nos juntamos más de treinta personas...pobre la camarera a la que le tocó atendernos. Yo pasé la mitad de la noche escuchando a los nuevos becarios y riéndome con Dasha, una rusa que tiene un arte de escándalo y que habla español mejor que muchos de mis paisanos. Como no quiero desviarme mucho de lo que he venido a hacer aquí, antes de las copas desaparecí con Nastia, quien me acompañó agarrada a mi brazo hasta el metro mientras me hablaba de Jaime y de todos los españoles que pasamos en 2010 por Moscú...¡qué buenos meses pasamos!
El domingo amanecí a tiempo de unirme al mega brunch que Carmen se había montado en su biblioteca. Una vez más la conversación nos tuvo en la mesa hasta mucho después de haber acabado de comer. Durante la tarde, empecé a redactar los textos que serían mi blog y por fin conseguí quedar con Víctor para un café.
Víctor es de mis mejores amigos aquí, un panameño que se vino a hacer arquitectura a Moscú y se quedó. Con él pasé muchos días el año pasado, cuando yo trabajaba en la embajada y él todavía era estudiante. Siempre que nos juntábamos, solía decirme algo que ahora nos hace mucha gracia recordar "Ay Javi, yo quiero tu vida: quiero un trabajo, un sueldo, una casa en el centro...quiero salir de la residencia y valerme por mi mismo"... es curioso/gracioso que a día de hoy los papeles se nos han intercambiado y soy yo el que vive en la universidad, tiene que ir a clases y vuelve a ser dependiente económicamente, cuando él por fin ha encontrado todo lo que buscaba hacía tan solo dos meses y pico. "En fin...que la vida da muchas vueltas", me dice.
De casa de Víctor me voy corriendo corriendo a mi cena con Sascha, una de las razones de mi regreso a Rusia...imposible enumerar la de fiestas que me he pegado con esa niña. A mi me encanta salir con ella y a ella conmigo, por lo que hacemos un tándem perfecto. Además, como los dos estamos invitados siempre a todos los eventos que hay en Moscú, al final acabamos, queramos o no, juntos en cualquier sarao. A mi, a parte de que me caiga fenomenal, me gusta que Sascha sea una ventana abierta al difícil mundo de los rusos. Ella me ha presentado a mucha gente, me habla y escribe en ruso, me explica cosas, me aconseja...y días como el domingo, ¡me da de comer!
Llegué puntualísimo a las ocho y con una botella de buen vino debajo del brazo, aunque ella ya me estaba esperando con su querido champán bien frío y descorchado. Su compañera de piso y a veces "miembra" de la pandilla, Julie, se unió a nuestra cena y entre los tres reconstruimos historias, planeamos nuevas y hablamos (siempre en ruso) de lo estupendo que era todo cuando con ellas vivía Mar (a la que Julie recuerda abrazándose al cojín que la murciana dejó en la cocina). Un par de horitas despues me fui a dormir a casa de Carmen, temprano y bien sobrio que al día siguiente reanudaba (¡por fin!) mi aparcada vida de estudiante.
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