Los días para el recuerdo se suceden uno detrás de otro, dos meses aquí me están cundiendo como varios años en cualquier otro sitio.
El viernes la revista Element publicó el artículo que había escrito para ellos unas semanas atrás y por fin me confirmaron que me quieren como colaborador regular. Me apetece un montón trabajar con ellos y me han ofrecido que haga las críticas de restaurantes y discotecas moscovitas, lo cual es bastante “apetitoso”, aunque no he cerrado nada porque me voy en mayo y todavía no sé si volveré, ¡toda mi vida está en el aire! O mi vida o mi futuro inmediato, por lo menos…
Mientras resuelvo esta incertidumbre, disfruto viendo mi cara impresa en la séptima página de la publicación y respondiendo a amigos que me han leído (Para los que no tienen la suerte de estar en Rusia, existe una versión on-line de Element, en la que también sale mi esta carita mía en blanco y negro: http://www.elementmoscow.ru/main.php?article=2025).
Hablando de otros temas, Moscú anda revolucionada estos días por la exposición de Dior que se acaba de inaugurar en el museo Pushkin, el segundo más importante de Rusia después del Ermitage. No hay periódico, revista o cadena de televisión que no la mencione como uno de los acontecimientos del año y a juzgar por los carteles que empapelan toda la ciudad, no hay ruso que no esté enterado de su existencia. Igualmente, Facebook está que arde con el tema y cada vez que lo abro me encuentro innumerables artículos, fotos, referencias o comentarios de amigos, lo mismo en Francia que en Rusia, que alaban la calidad de la muestra. Ante tal revuelo, yo no podía esperar y el viernes, en cuanto tuve un rato me acerqué a comprobar de qué iba “Dior Inspiration”.

No sabía lo que me iba a encontrar, pero da igual, porque creo que nunca lo podría haber imaginado ni podría haberme preparado para tal bofetada de arte: el museo ha llenado seis de sus salas con los trajes más espectaculares y representativos de la casa francesa intercalados con muebles, joyas, óleos y otras obras de los mejores pintores, fotógrafos y artistas de los siglos XIX y XX.
Las piezas creadas por Christian Dior, Yves Saint Lauren, Marc Bohan, Gianfranco Ferré y John Galliano -directores creativos de la marca- comparten espacio con Picasso, Renoir, Cezanne, Gauguin, Matisse o Goya, entre otros, estableciendo así un diálogo atemporal e interdisciplinar en el que es imposible concluir quién influye sobre quién. Además, referencias al cine, la publicidad y la fotografía provocan que uno no acierte a definir si está en una exposición de moda, de pintura, de historia o de artes decorativas.
El recorrido comienza debajo de un arco enorme con el logotipo iluminado de la casa francesa. A la izquierda, un traje en blanco y negro de la primera colección del diseñador en 1947; a la derecha, su réplica más reciente firmada por John Galliano. Por delante, una enorme escalinata forrada en blanco que dirige hasta uno de los salones más bellos del museo nos da la bienvenida. Una vez ahí, un viaje en la historia con paradas en las ideas y lugares que inspiraron a la firma: la primavera, llena de color y alegría;









Hay también una sala dedicada a los perfumes en la que se revisan las impecables campañas de publicidad que hizo para la casa francesa René Gruau, además de mostrar los spots más famosos de los últimos años, todo un regalo para la vista.




Otra de las estancias recrea de forma un tanto romántica el taller parisino de Christian Dior, con estanterías repletas de maniquíes, patrones, telas a medio cortar, hombreras… De nuevo, le acompañan fotos en blanco y negro de la moda francesa en los sesenta y setenta.

La sala dedicada al glamour del cine, oscura e iluminada por proyecciones de películas antiguas, muestra piezas llevadas por Elizabeth Taylor, Grace Kelly, Marlene Dietrich, Marilyn Monroe… y un sin fin de estrellas más de la segunda mitad del siglo XX ordenadas cronológicamente hasta llegar a las más recientes: Penélope Cruz, Marion Cotillard, Nicole Kidman…
He hablado con amigos que han estado en las exposiciones parecidas que organiza el Metropolitan de Nueva York y me han dicho que esta las supera con creces, que no hay color. Tres años de trabajo y un catálogo de piezas del Museo d’Orsay, el MOMA, el Ermitage o el propio Pushkin hacen esa afirmación incontestable.
Yo recorrí las salas en algo más de una hora, aunque creo que podría haber pasado en ellas un día o varios, ya que no tuve tiempo de asimilar todo el material y reflexionar sobre el mismo. Por lo tanto, en cuanto pueda, volveré. Laura, mi acompañante esa mañana, dijo al salir que hacía tiempo que no había estado sobre-expuesta de tal manera a tantísimo estímulo y que no tenía palabras para describir lo hermoso de la muestra. Efectivamente,por mucho que te lo cuenten, hay que estar allí para verlo. Es la exposición más bonita en la que he estado en mi vida y ahora se me hace imposible imaginar la alta costura fuera de un museo...¡TODO EL MUNDO AL PUSHKIN!
*Fotos: elpais.com, vanitatis.com
Que way!!!!!! Menudo reportaje....que bonito y alucinante todo.Karin
ResponderEliminarJavi
ResponderEliminarNo me has dicho que tienes un blog ya!
Me gusta lo mucho.
Voy a "Follow"!
I think she's arab or smth. eastern. But the Brand is based in New-York!
Noo :( unfortunately not presented in Russia yet.
But I SO hope to see those cosmic dresses here :P
And touch them!
xx M.
Ya jachú!! Qué bonito, qué bonito...
ResponderEliminarCris